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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Iglesia Joven de la Univ. Adventista de San Pablo 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 12 

(15 al 22 de Marzo de 2008) 

Misión y comisión 



Denis Konrado Fehiauer 



No podemos comprar la vida eterna. Más allá de lo que hagas, prediques o des de ti 
mismo/a a los demás, y/o para la causa de Dios, nada de lo que hagas será suficiente. 
Simplemente, porque ese no es el método elaborado por el Creador para recuperar las 
pérdidas del Edén. Entonces, ¿por qué Cristo parece definir el destino eterno de las 
personas según sus actitudes respecto del prójimo? (Ver Mateo 25:34-46). 

1 de Corintios 13 aporta una idea esclarecedora. Allí, Pablo describe una serie de 
buenas acciones que no significan nada sin amor. Pero la pregunta que surge es: Si 
hacemos buenas cosas con amor, ¿podemos comprar la salvación? La respuesta con- 
tinúa siendo negativa. 

El asunto es que si el discípulo fuera transformado por el contacto con el divino Jesu- 
cristo y aprende a amar como Él amó, tarde o temprano dejará que eso que tiene en 
su interior desborde en buenas acciones. Así como podemos transformarnos en culti- 
vadores de los placeres sensuales observando pornografía; agresivos por mirar actos 
de violencia; intemperantes por gratificarse transgrediendo las reglas más elementales 
del sentido común, también es posible que nos hagamos semejantes al Maestro si 
abastecemos nuestra mente con sus instrucciones y prácticas. Recuerda: "El ojo es la 
lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz. 
Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti 
es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!" (Mateo 6:22, 23, NVI). Es una cosa o la 
otra. Dios o el mundo. Si escoges a Cristo, naturalmente irás presentando cambios en 
tu estilo de vida. Pasarás a amar a los seres humanos. Así, tu comportamiento será 
semejante al de aquellos que estarán a la derecha en el día del Juicio, al de "los bendi- 
tos de mi Padre". 

Esto quiere decir que el Juicio no se define simplemente por nuestras acciones. El 
problema está en la base, en las raíces de nuestras actitudes. En aquello que las hace 
surgir. 

No obstante, este proceso no puede demostrarse experimentalmente. Es necesario 
tener fe. Por eso Jesús fue duro con los discípulos antes de ascender a los cielos (ver 
Marcos 16:14-20). La mayoría de nosotros sólo percibe la propia necesidad, cuando 
estamos atribulados y retirados del área de comodidad. Si tú quieres vivir el discipula- 
do verdadero y formar parte de aquellos que siguen la comisión evangélica, tendrás 
que experimentar algo que no podrás ver, oír o tocar. Con raras excepciones. Dios 



dispensa actos sobrenaturales, y obra únicamente a través de su Palabra. Cristo es 
revelado por las Escrituras. Es únicamente a través de la Biblia que conocemos a 
Jesús y la salvación que Él nos ofrece. No hay otro método por el cual podríamos co- 
nocer que hay una opción más allá de la tumba. Fue así que Dios escogió comunicar- 
se con el ser humano sumergido en un mundo de pecado. 

Entonces, nuestra respuesta exige fe. Sin pruebas. Apenas alguna evidencia. Sin ne- 
gociaciones o regateos. Dios quiere únicamente la entrega de nuestra vida. Es una 
cuestión de elección. Jesús afirmó que no había venido al mundo para juzgar, sino pa- 
ra salvar. Sin embargo, quien escoge no creer, ya está condenado porque ha decidido 
no unirse a la única Persona capaz de darle vida eterna, es decir, Jesucristo (Juan 
3:18). Así, el Juicio (o la condenación) es una decisión humana, no divina. Notemos 
que el mensaje bíblico que el discípulo debe llevar al mundo puede ser su propia sal- 
vación o perdición. Antes de proclamar el mensaje, el discípulo debe ser beneficiado 
por el perdón y por la salvación ofrecida a través de él. 

El mensaje final es éste: Cristo murió en nuestro lugar. Pagó el precio exigido por su 
propia Ley, que pide la muerte de quien peca. El ser humano ha pecado, y por lo tanto 
debe morir. A Dios no le gustó la idea de ver a sus hijos muertos por la eternidad. 
Asumió la deuda, la pagó con su propia vida. Si no quieres, no necesitas permanecer 
en la tumba. Sólo alcanza con creer. Y si tú crees que todo esto es muy extraño, re- 
cuerda que "El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, 
para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios 
[...] Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la 
sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que 
creen" (1 Corintios 1:18,21). 

Ser discípulo, a veces, puede parecer algo demasiado extraño para los ojos del mundo 
en el que vivimos. Pero esa es la verdad que debemos vivir y la Palabra que necesita- 
mos predicar. 

Denis Konrado Fehiauer 

Pastoral Universitaria 

Universidad Adv. de San Pablo 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 

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